Amistades viejas y nuevas se entrelazan para una creación colectiva basada en un cuento policial del año 1929. Las personas se vuelven personajes con características y habilidades diferentes. El resultado de las combinaciones trasciende la lógica del proceso y queda, indefectiblemente, condicionado por el azar.

Una obra de teatro independiente, autogestiva, con música original en vivo y proyección de imágenes propias (fotografías e ilustraciones) parece un proyecto ambicioso. Y lo es. El azar culmina tras tres años de desarrollo y cinco temporadas de función (gira al interior incluida) con la sinergia de más de veinte personas dispuestas a dar lo mejor de sí, renunciando a cualquier ambición económica. Se trata de un juego grupal divertido, guiado por la dedicación y el aprendizaje.

Quienes conocen de cerca el hermoso mundo del teatro no comercial saben lo laborioso y satisfactorio que es montar una obra. Quienes además buscan cierta riqueza y complejidad artística entienden lo apasionante que puede ser pulir detalles. Quienes incluso saben que el amor consiste en dar, sienten el alivio placentero de compartir los resultados cambiantes de la creación.

Se cruzan agendas, se coordinan talentos, se revuelven ganas, se intentan locuras, se tropiezan desilusiones, se analizan realidades, se proyectan giras, se disfrutan ensayos, se moviliza gente, se pelean egos, se sinceran personas, se organizan fiestas, se discuten intereses, se divierten todas, se sueñan imposibles, se repite la historia. El mismo detective resuelve el mismo caso, función tras función, mientras el azar dispone.

La música, las costumbres, el vestuario, la ambientación y otros aspectos que hacen a la obra se desprenden de un estudio profundo por conocer la realidad de la época que se está representando. Particularmente de esa época, es también el principal referente en que se basan las ilustraciones. El maestro a distancia temporal se llama James Montgomery Flagg. En la gestualidad de sus trazos se inspiran las viñetas del azar, dejando lugar incluso, a un pequeño homenaje.

El azar se estrena en la Universidad Nacional de las Artes en diciembre de 2013. La excelente repercusión lleva a que la obra se presente cada año en diferentes salas de Buenos Aires y en la ciudad de chillar, hasta cumplir con su última función en 2017. La música, pieza fundamental en la obra, es grabada en estudio para dejar un registro inolvidable de este encuentro de arte, juego y amistad.

Sienten dicha y gratitud quienes se permiten hacer lo que les da la gana, quienes barajan con entusiasmo las ideas, quienes se atreven a crear realidades nuevas, quienes improvisan alegría en la previa de cada función, quienes, al igual que Roger Sheringam, se mueven con la confianza en que el azar, a fin de cuentas, puede gobernarlo todo.